Atman: La esencia del ser budista

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El concepto de Atman en el budismo se refiere a la esencia más profunda del ser humano, aquello que nos define como individuos. Pero ¡ojo!, que esto no es tan sencillo como parece. La idea del Atman, en el budismo, es bastante compleja y puede ser hasta contradictoria. Por un lado, se habla de esta esencia como algo permanente e inmutable. Por otro, se cuestiona si su existencia real.

El budismo no es una religión como las demás, es lo primero que debemos entender. No tiene un dios creador ni dogmas inamovibles. Es más bien una forma de ver el mundo y de entendernos a nosotros mismos: Una filosofía de vida. El atman se le considera como una especie de núcleo de nuestra existencia, algo que va más allá de nuestro cuerpo y nuestra mente. Pero aquí viene lo interesante: muchos budistas creen que este núcleo, en realidad, no existe.

La no-existencia del yo en el budismo

¿Es posible que algo tan importante como nuestra esencia misma, no exista? Buda fue quien expuso esta idea tan revolucionaria y debatida. Lo que llamamos "yo" es solo una ilusión creada por nuestra mente, según aseguraba Siddartha Gautama, como así se llamaba realmente Buda.

Existe un flujo constante de experiencias y sensaciones, no existe un Atman permante e inmutable. Es como si fuéramos un río: siempre cambiando, siempre en movimiento. Ahora párate a pensar una cosa: ¿Eres la misma personas que hace diez años? Probablemente respondas que no. Esta idea se llama "anatta" en pali, que significa "no-yo".

Es uno de los pilares del budismo y tiene implicaciones muy profundas. Si no hay un yo fijo, ¿quién sufre? ¿Quién se libera? Estas preguntas siempre han sido un verdadero quebradero de cabeza a monjes y filósofos durante siglos. Pero también han abierto nuevas formas de entender la realidad y de liberarnos del sufrimiento. Porque si no hay un yo fijo, tampoco hay nada a lo que aferrarse.

El Atman y la liberación del sufrimiento

Entonces, ¿para qué sirve todo esto? ¿Qué ganamos negando la existencia del Atman? Según el budismo, mucho. Al entender que no hay un yo fijo, nos liberamos de muchos apegos y miedos. Ya no necesitamos defender constantemente nuestra identidad ni preocuparnos tanto por el futuro. Podemos aceptar los cambios que nos venga, hasta el más traumático y vivir solo en el presente. Es como quitarse una mochila pesada de encima.

¡cuidado!, esto no significa que que nuestra vida no tenga sentido y debamos volvernos unos irresponsables . Todo lo contrario, en el budismo cultivan cualidades positivas como la compasión y la sabiduría. Solo que lo hacemos sin aferrarnos a una idea fija de quiénes somos, nuestra personaje en este juego que es la vida. Es como si fuéramos actores en una obra de teatro: podemos interpretar muchos papeles sin perder nuestra esencia principal. Suena a ciencia ficción, pero si te paras a pensar, tiene todo el sentido del mundo.

La práctica de la meditación y el Atman

¿Y cómo se lleva todo esto a la práctica? Pues principalmente a través de la meditación. Esta técnica milenaria nos ayuda a observar nuestra mente y a darnos cuenta de lo efímeros que son nuestros pensamientos y emociones. Con la práctica, empezamos a ver que no hay un "yo" detrás de todo eso, sino solo un flujo continuo de experiencias. Es como mirar las nubes en el cielo: vienen y van, pero el cielo siempre está ahí.

La meditación también nos ayuda a desarrollar cualidades como la atención plena y la ecuanimidad. Estas son herramientas muy útiles para navegar por la vida sin aferrarnos tanto a nuestras ideas sobre quiénes somos. Poco a poco, vamos soltando la idea del Atman y abriéndonos a una forma más fluida y libre de existir. No es fácil, claro, pero muchos budistas dicen que vale la pena el esfuerzo.

El Atman en el día a día

Todo esto puede sonar muy bonito en teoría, pero ¿cómo lo abordamos en el día a día? Pues de muchas maneras posibles. Por ejemplo, podemos recordar que tanto nosotros como la otra persona estamos en constante cambio, cuando nos enfadamos con alguien. Lo creas o no, nos ayudará a perdonar todo más facilmente, y a no tomarnos todo tan a pecho como lo hacemos. O cuando nos preocupamos por el futuro, podemos recordar que el "yo" que imaginamos en ese futuro no es real.

En nuestras relaciones también podemos aplicar esta idea budista del no yo. Si no hay un yo fijo, tampoco hay un "otro" fijo. Esto nos abre a una forma más compasiva de tratar a los demás. Ya no necesitamos encasillar a la gente en etiquetas fijas, sino que podemos verlos como seres en constante evolución, igual que nosotros. Es una forma más libre y amorosa de relacionarnos. Como ves, todo son ventajas si aplicamos esta idea a la vida cotidiana, podemos ahorrarnos más de una discusión tonta, pensando solo en esto.