¿Cómo son las estrellas de cerca?

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Las estrellas han fascinado a los seres humanos desde los albores de la civilización. Estos puntos de luz que pueblan el firmamento nocturno, son fuente de mitos y leyendas desde hace milenios. Pero, ¿cómo son realmente de cerca? La ciencia moderna nos permite asomarnos, al menos en la teoría, al interior de estos gigantescos hornos de fusión nuclear, para conocer mejor su naturaleza. 

Las estrellas ocupan un lugar central en el cosmos. Son los motores que impulsan la formación de planetas y posibilitan, en última instancia, el surgimiento de la vida tal y como la conocemos. Comprender la estructura y dinámica de las estrellas, es intentar descifrar los orígenes del universo.

Tamaño descomunal 

Las estrellas son cuerpos celestes enormes. Nuestro Sol, una estrella mediana, tiene un diámetro de 1.392.000 kilómetros. Esta cifra equivale a 109 veces el diámetro terrestre. Las estrellas más grandes, pueden llegar a tener un tamaño equivalente a la órbita de Saturno o Júpiter

Hablamos, de millones y millones de kilómetros de extensión. Al acercarnos a una estrella nos topamos con un objeto abrumadoramente gigantesco. Su tamaño, no obstante, queda eclipsado por el fulgor de su superficie. Las estrellas son esferas de plasma, que emiten su propia luz y calor de forma intensísima.

Fotosfera

La capa más externa que envuelve el cuerpo estelar se denomina fotosfera. Se trata de una envoltura de gases incandescentes cuya temperatura media ronda los 5.500 grados Celsius en el caso de nuestra estrella, el Sol. La fotosfera, es la responsable de la luminosidad que emiten las estrellas.

La luz generada en las profundidades estelares, atraviesa las capas superiores y emerge al exterior a través de la fotosfera. Esta capa resplandece con la energía que emana desde el corazón estelar. Contemplar la fotosfera de cerca, supone admirar un océano de fuego líquido que se extiende hasta donde alcanza la vista.

Erupciones y manchas solares 

La superficie de la fotosfera dista de ser uniforme. Podemos encontrar en ella protuberancias, que son lenguas de plasma incandescente que se elevan miles de kilómetros sobre el horizonte estelar. Estas gigantescas erupciones, causadas por turbulencias magnéticas, son frecuentes en estrellas jóvenes de tipo solar. 

Otro fenómeno observable son las manchas solares, regiones de la fotosfera más frías (4.000 grados Celsius) y oscuras en comparación a su entorno (6.000 grados Celsius). Las manchas se producen, por concentraciones de campo magnéticos que inhiben el flujo de calor interno hacia la superficie.

Atmósfera estelar 

Por encima de la fotosfera, se halla la atmósfera estelar. Esta, está compuesta por varias capas de gases enrarecidos. La más baja es la cromosfera. Es ahí, donde se origina la luminosidad del hidrógeno ionizado que le proporciona su característico color rojizo. 

La corona, conforma la capa más externa de la atmósfera estelar. Se trata de un halo tenue de plasma, que rodea el astro y que alcanza temperaturas de más de un millón de grados. Este fenómeno se debe a mecanismos todavía no bien comprendidos, relacionados con el campo magnético.

Interior estelar 

Más allá de la envoltura gaseosa se esconde el auténtico motor de las estrellas: su núcleo interno. En estas regiones centrales, es donde tiene lugar la fusión nuclear que les confiere su extraordinario poder energético. El corazón de una estrella como nuestro Sol alcanza los 15 millones grados Celsius

La fuente última de energía estelar, es la fusión de átomos de hidrógeno que conforman casi la totalidad de la materia del interior solar. Mediante una serie de reacciones termonucleares, cuatro núcleos de hidrógeno acaban fusionándose en un núcleo más pesado de helio. Este proceso libera una enorme cantidad de energía. 

Por debajo del núcleo encontramos la zona radiactiva, donde el plasma solar se enfría progresivamente a medida que se aleja de la región de fusión. La temperatura desciende desde los 7 millones de grados en las proximidades del núcleo, hasta alcanzar los 2 millones de grados en el límite con las capas más externas.